Nina, una joven periodista, vivía en un viejo edificio de apartamentos en el corazón de la ciudad. Su vida era una constante búsqueda de historias inquietantes que cautivaran a los lectores de su columna semanal. El edificio donde residía había sido testigo de décadas de secretos oscuros, pero nadie parecía interesarse en los murmullos sobre un apartamento clausurado en el último piso.
Una noche, mientras revisaba archivos antiguos en busca de inspiración, encontró una noticia olvidada: "Familia desaparece tras ritual en el apartamento 6B. Solo quedó una niña, encontrada en estado de shock." La dirección coincidía con su edificio. La historia era perfecta, y su instinto le pedía indagar más.
A la mañana siguiente, Nina sobornó al portero para que le diera acceso al 6B. El apartamento estaba cubierto por una gruesa capa de polvo. Había velas derretidas, dibujos de símbolos extraños en las paredes y, en el centro del salón, un enorme espejo cubierto por una tela negra. Una presencia pesada se sentía en el aire, pero Nina no se detuvo.
Al levantar la tela, el espejo reflejó no su rostro, sino una figura distorsionada: una versión de ella misma, con ojos vacíos y una sonrisa retorcida. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero no apartó la mirada. De repente, una voz gutural surgió desde el cristal.
"Ayúdame... libérame."
Las palabras no venían de la figura, sino de algo más profundo. Nina intentó retroceder, pero sus pies estaban clavados en el suelo. El reflejo comenzó a moverse, diferente a ella, y estiró una mano hacia el cristal.
Esa noche, Nina volvió a su apartamento con la sensación de que no estaba sola. Extraños ruidos resonaban en las tuberías, las luces parpadeaban sin motivo, y los espejos parecían susurrar en la penumbra. Al revisar sus fotos del 6B, se dio cuenta de algo aterrador: en cada imagen aparecía una sombra, observándola desde el fondo.
Los días siguientes fueron un descenso al caos. Nina comenzó a experimentar visiones: calles vacías, cuerpos retorcidos en posiciones imposibles, y siempre el sonido de uñas arañando un vidrio. Sus compañeros de trabajo notaron su cambio. Su piel estaba pálida, sus ojos rodeados de ojeras profundas.
Una noche, mientras escribía, sintió un dolor punzante en su brazo. Al mirar, vio que su piel se marcaba sola, como si algo invisible estuviera escribiendo en ella. Las palabras decían: "Devuélveme al espejo."
Nina comprendió que algo había cruzado con ella aquella noche en el 6B. Un ser que necesitaba su cuerpo para completar su propósito. Desesperada, investigó antiguos rituales y descubrió que el espejo era un portal a una dimensión habitada por entidades que anhelaban escapar. El único modo de detenerlo era regresarlo al cristal, pero el precio era alto: el sacrificio de su propia alma.
En el clímax de su desesperación, Nina decidió enfrentarse al ser. Regresó al apartamento 6B con el espejo envuelto en una sábana y un cuchillo ceremonial. Encendió velas negras y comenzó a recitar las palabras que había encontrado en un texto arcaico. La habitación se llenó de un viento helado, y la figura del espejo emergió de las sombras.
"¿Crees que puedes deshacerte de mí?" dijo una voz que era la suya, pero distorsionada.
El ente intentó poseerla por completo, pero Nina, con lágrimas en los ojos y una fuerza que no sabía que tenía, recitó las últimas palabras del ritual. El espejo comenzó a absorber la figura, pero esta no se fue sin luchar. Una energía oscura desgarró su cuerpo, dejándola agonizando en el suelo.
Cuando despertó, el espejo estaba vacío, y las marcas en su piel habían desaparecido. Pero Nina sabía que no estaba a salvo. En cada reflejo veía un destello de aquellos ojos vacíos, recordándole que el inquilino aún estaba allí, esperando su momento para volver.
Desde entonces, Nina dejó de buscar historias oscuras. Pero en las noches más silenciosas, cuando todo parecía estar en calma, los espejos de su apartamento empezaban a susurrar su nombre.








